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CONFESIÓN ÍNTIMA SOBRE MI ACOSADOR PARTICULAR
Si se me permite, haré esta confesión íntima. Diré que los acosadores que tienen mis amigos en internet me parecen mucho mejores que el mío. A ésta confesión debo añadir otra aún más dolorosa: en realidad yo solo tengo uno. Alguien decía que la importancia de las personas viene determinada por la cantidad de locos que le salían. Hoy en día, si no tienes acosadores no eres nadie. El que solo tenga uno ya habla de mi grisura. Pero aún hay más: viendo como es el mío, me entra una grandísima pesadumbre, ya no es que pida acosadores de lujo, pero resulta decepcionante comprobar que el mío es el más falto de todos.
El acosador en internet suele ser muy valiente y amparado como está por la impunidad y lo difícil que es desenmascararle, lo primero que hace es esconderse en el anonimato, detrás de máscaras, pseudónimos y nicks sonoros y jactanciosos.
Se ve también que le resulta excitante insultar, acosar, injuriar y difamar bajo un nombre falso a alguien que lo tiene verdadero o que es sobradamente conocido. Opera lo mismo que los exhibicionistas de la gabardina, lo cual suele ser bastante ridículo, porque en cuanto se exhibe, al menos el mío, se ve lo pequeña y flácida, que la tiene (a la inteligencia me refiero). Se nota también que les excita lanzar pedradas a alguien visible desde su invisibilidad, a alguien presente desde su impresencia. He leído que lo hacen por resentimiento y por envidia. No sé si el mío me envidia, pero es que además de ser muy tonto, lo suyo es irreversible.
De lo que estoy seguro es de que lleva una doble vida, quiero decir que mientras lanza sus deyecciones es uno y otro muy distinto cuando hace una vida normal entre gente que jamás sospecharían de lo que es capaz en cuanto se le deja a solas frente a un ordenador.
Durante varios meses el mío ha estado acosándome aquí y allá, tratando de apestarlo todo sin descanso. A veces a todas horas del día y de la noche. De haber empleado ese tiempo en trabajar ese “hombre” habría hecho algo notable por lo que quizás hubiera podido aspirar a tener su propio acosador y presumir de él como otros presumen de su hígado grande. Al principio, viendo como no contestaba a sus insultos, la cosa era bastante aburrida pero he pensado que debía cultivarle mientras solo lo tenga a él, a la espera de que me salga otro más apañado (nada, me vale cualquiera que acose con un poco de respeto y que no de mucho la brasa). No debería mostrarme tan egoísta pues la sociedad no solo tiene el derecho sino la obligación de quitar de la circulación a estos profesionales de la porquería que van sembrando internet con deposiciones e inmundicias que al final uno acaba de pisar sin querer.
Pero algo está cambiando, aseguran, al fin van a perseguir a los acosadores. Lo veo muy bien y claro, pero temo el día en que empiece a echar en falta al mío, por tonto que fuese, ya que entonces habré de reconocer lo poco que vale uno en la vida sin un acosador.
Extracto de un artículo de ANDRÉS TRAPIELLO en el MAGAZINE del 19/06/11

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