Una amiga, Porfi, que pasó por un cáncer de mama hace unos años y que, con una fortaleza y convicción increíble, consiguió vencerlo, se convirtió para el resto de mi vida en un referente y en un ejemplo de lo que es el espíritu de lucha.
Supongo que Porfi tuvo algo de suerte cuando los médicos que la trataron cogieron a tiempo esa enfermedad atroz, pero doy fe, porque fui testigo de su lucha y de su fortaleza después de la cirugía y de cada sesión de radioterapia y de quimioterapia a la que fue sometida. Hubo muchos momentos que pensé que no lo superaría, sin embargo reconozco que me dio una lección de fe y acabó ganándole la batalla a la enfermedad.
Cuando ya estaba viendo la luz al final del túnel y parecía que ganaría el pulso que mantenía con la enfermedad, comenzó a hablarme de sus miedos y de todas las cosas que habían pasado por sus pensamientos durante los largos meses que estuvo postrada en cama o materialmente destrozada por las dolorosas secuelas de las sesiones de radioterapia y quimioterapia.
De esas reflexiones que compartió conmigo me llamó especialmente la atención como la enfermedad la hizo ver qué es lo importante en la vida y de cuantas cosas se pueden prescindir por ser simplemente accesorias y que, por nuestra ceguera, las consideramos como importantes y pensamos que sin ellas nuestra vida no tiene sentido.
Yo animé a Porfi a que escribiera todas las experiencias vividas y las sensaciones, miedos, alegrías y reflexiones que formaban parte de su nueva vida tras pasar por la dura experiencia de sufrir, luchar y ganar la batalla a un cáncer.
Desde hace unos cuantos años, por experiencias similares vividas cerca de familiares y amigos que han pasado por un cáncer, unos con suerte y otros no, y por las muestras de vida que me han aportado hasta el punto de haberme sentido ridículo cuando me quejaba de cualquier dolencia, he podido captar en muchísimas personas que han tenido la desgracia de ser víctimas de algún tipo de cáncer, cuando mientras luchan por superarlo y/o si consiguen hacerlo, tienen una visión muy distinta de la vida de la que tenían con anterioridad a que le diagnosticaron la enfermedad.
Todas esas personas que pasan o han pasado por situaciones similares son las indicadas para dar fe de las cosas que realmente son importantes en la vida y de cómo podemos prescindir de tantas nimiedades y tonterías que lo único que consiguen es que malgastemos nuestro precioso tiempo y energías en tantas cosas que nada nos aportan y que, en muchos casos, sólo nos sirven para darnos cuenta de cómo hemos perdido tanto tiempo dedicándonos a lo accesorio a costa de abandonar las cosas importantes.
En el día de ayer Porfi, ejemplo de lucha, me envió un correo electrónico con el nombre de “Pasándote el sombrero púrpura”, que es un homenaje a un artículo titulado “SI YO TUVIERA MI VIDA PARA VIVIRLA DE NUEVO”, cuya autora, Erma Bombeck, lo escribió después de que descubriera que se estaba muriendo de cáncer.
Ese artículo refleja justamente las palabras que oí a Porfi cuando luchaba contra su cáncer de mama que casi acaba con su vida.
El correo que me envió ayer significa no sólo que aprendió bien la lección que compartió conmigo en esas fechas, si no que tiene muy asumido en su nueva vida qué cosas son accesorias y prescindibles y qué cosas son las importantes en la vida.
Este artículo es un homenaje a Porfi y a todas las personas que luchan o han luchado y vencido o no vencido al cáncer, en cualquiera de sus manifestaciones, que es la enfermedad que a lo largo del siglo XXI será la principal causa de muerte en los países desarrollados.
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